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lunes, 30 de marzo de 2015

Y me pregunto qué pasó del tiempo, del tiempo y del espacio. Cómo de repente cerré los ojos y, al reabrirlos, todo se había desvanecido. Esos meses fueron un sueño. Hoy te veo en las fotos -ni siquiera conmigo- y trato de arañar esos recuerdos. Tanto es así, que los desarmo. Y ya no estás tú para ayudarme a armarlos. Siempre fui un desastre. Es un problema grave amar a la vida y amar por encima de todo. Amé tanto y tantas veces me enamoré... Siempre jugué a esta historia de amarnos sin medida como si nuestra historia apareciera en los libros. Tanto me sumergía en el juego, que acababa por enamorarme. Y así era como me enamoraba de media unas tres veces al día, y me desenamoraba otras tres. Porque el amor no es eterno, el amor no puede ser eterno. El amor, para que dure por siempre, tiene que ser un amor trágico. Y así fue como convertí mi vida en una tragicomedia de la cual ni siquiera fui protagonista. Un despojo navegando en un paradigma que se escapaba de mi alcance. Y hoy te pienso, te veo dentro de mí y te añoro. Me cambiaste por completo y aún así sigo siendo la misma, con los mismos sueños, temores y, sobre todo, defectos. Y tanto temía acabar llevando una vida sin amor apasionado que al final convertí mis temores en rutina, y ahora no sé si temer mis días o mis noches o si llorar en silencio cuidado no vaya a andar molestando. Quiero retomar las riendas de mi vida, rescatarte de allá donde estés o lanzarte definitivamente al vacío. Pero no puedo seguir así, teniéndote pendiendo de un hilo entre mi memoria y mi cordura. Estás lejos porque te fuiste, porte te dejé ir. Porque me fui yo también. Pero, ¿sabes qué? Que la vida gira y gira y tú y yo nos mareamos, pero nos marearemos juntos.

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